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Veneno
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El templo de las cuotas caídas

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En los antiguos tiempos, los humanos construían templos para adorar fuerzas superiores.

Al sol.
A la lluvia.
A dioses con abdominales imposibles.
A la promesa de que “mañana empiezo”.

Con el tiempo, esos templos evolucionaron.

Les pusieron recepción.
Torniquetes.
Máquinas cromadas.
Planes anuales.
Mensualidades.
Promociones con letra chica y una playlist diseñada para erosionar la cordura humana.

Los llamaron gimnasios.

Y el pueblo acudió.

Algunos entrenaban.
Otros pagaban por la idea de entrenar.
La mayoría hacía una mezcla deprimente entre ambas cosas.

Pero incluso los templos más brillantes pueden tambalear.

No por falta de sentadillas.
No por déficit de proteína.
No porque alguien no devolvió los discos a su lugar, eso debería ser delito.

Sino porque, aparentemente, ni las cadenas de gimnasio están libres de esa rutina brutal llamada realidad financiera.

Entonces apareció una alternativa.

Más simple.
Más honesta.
Más difícil de decorar con frases motivacionales horribles.

Tu casa.

Ese lugar donde ya trabajas, comes, procrastinas y vitrineas cosas que no necesitas.

Ahora también puede ser el lugar donde entrenas.

En NEVER MIND tenemos mancuernas, kettlebells, mats, bandas, bosus y protección para que armes tu propio templo personal.

Un templo sin torniquete.
Sin cuotas raras.
Sin comunicados de crisis.
Sin gente haciendo curls en la jaula de sentadillas, crimen sin castigo.

Arma tu gimnasio en casa.

Porque cuando el templo se tambalea, conviene tener tus propios fierros.

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